Domingo, 23 de Noviembre de 2008
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Juego de manos...

     "Juego de manos, juego de villanos", reza el dicho popular, y no debemos confundir la acepción de "villanos" en esta frase, porque en las épocas en que se la acuñó se conocía así a quien simplemente vivía en una "villa", o aldea, y por consiguiente no tenía acceso a una educación como la que podía recibir quien habitaba una gran ciudad. En otras palabras, "juego de manos, juego de incultos".

     ¿En qué consiste el "juego de manos"? Básicamente, en una tendencia exagerada a los juegos con alto componente físico agresivo. Es el típico caso de los niños que "juegan a pegarse", frecuentemente recreando escenas que ven en la televisión o en el cine. Vuelan, entonces, las patadas de karate y los puñetazos, y se trenzan los cuerpos en interminables forcejeos y "llaves" de judo donde uno de los contendientes luce rojo por la ira y el otro se pone azul por la asfixia. Huelga decir que esta es una actividad preferida por los varones; las niñas casi nunca participan de ella, salvo cuando les toca el odioso papel de víctimas.

     Aún podríamos agregar una categoría que no es peligrosa ni dañina en sí misma, pero que, por las condiciones en que se desarrolla, puede llegar a convertirse en tal. En efecto, son los juegos de "correr y perseguir", los que llevados a cabo en un superpoblado patio de escuela acaban frecuentemente en contusiones de diversa gravedad y dientes rotos. Aquí, la diversión es perfectamente válida, pero lo que en realidad resulta criticable es la pérdida del control en la que caen los participantes, quienes comienzan "a media máquina" y terminan en una orgía desaforada de carreras, empujones y golpes malintencionados.

     Antes de considerar el asunto con los niños, es conveniente que tú mismo analices tus actitudes y medites sobre cuál es el ambiente en el que surjen estos problemas.

     Institucionalmente suele aducirse que hay que permitir estas expresiones en la escuela (sólo durante los recreos), para que "los niños descargen su agresividad y liberen la energía contenida durante las horas de clase". Hay un trasfondo serio en este concepto, pero con el mismo criterio podría decirse que los niños "se cargan" de agresividad jugando a estos juegos, ya que las más de las veces sólo les queda el resentimiento por los golpes recibidos y una poderosa urgencia de vengarse en la siguiente oportunidad.

     En lo personal, piensa cuál es tu propia actitud frente a la agresión y las peleas, aún cuando éstas sean sólo simulacros. Puede ser que pienses que, en un nivel, son beneficiosas para los niños porque así refuerzan su confianza en sí mismos y aprenden a defenderse sin demasiado riesgo. Tienes razón, ya que esta es la motivación instintiva que las suscita, pero hay otro modo de ver las cosas.

     En realidad, no está mal que los niños jueguen a pelearse, y es natural que se extralimiten durante los juegos bruscos. Pero, como en la vida, el problema reside no tanto en los actos en sí, sino en las desiguales oportunidades de quienes participan. Y no sólo porque los niños vienen en "envases" de distintos tamaños, sino porque sus comportamientos y apetencias naturales no son iguales. En Antropología, los individuos se separan en "halcones" y "palomas", según sea su respuesta frente al peligro y la agresión; los primeros son quienes casi siempre se defienden atacando, mientras que los segundos son quienes preservan su integridad apartándose del peligro las más de las veces. Esta tipología comprende un instinto básico que no puede alterarse sin riesgo para el desarrollo armónico del individuo; pretender que una "paloma" se porte como "halcón", y viceversa, es atentar contra la naturaleza misma, y por lo tanto un objetivo al que jamás podrá adherir un verdadero maestro.

     La cultura -esa tirana- nos ha convencido de lo magnífico que es ser halcones y califica a quienes son palomas de "débiles", "cobardes" o "afeminados". Este es el mismo criterio que nos lleva a suponer que un abogado es más que una enfermera, o que un Ministro de Economía supera en valor intrínseco a su chofer (hasta que el abogado se enferma y el ministro se queda de a pie...).

     Por otra parte, está el tema de la seguridad. Si observas una camada de perritos notarás que todos ellos se enfrascan en largos simulacros de pelea, y ruedan hechos un bollo mientras gruñen y patalean. También notarás que nunca salen lastimados. ¿Por qué pretender menos para nuestros alumnos?

     De modo que, un buen ejercicio para las tardes lluviosas, cuando has completado la tarea diaria y te queda una hora libre, sería conversar de ésto con los niños, haciéndolos reflexionar sobre los siguientes puntos:

Los "juegos de manos" son válidos mientras:

  • se juegue con alguien que tiene deseos de jugar
  • se juegue con alguien que tiene nuestra misma fuerza y tamaño, o cuando
  • respetemos las limitaciones del otro
  • no arriesguemos nuestra integridad ni la de los otros
  • no perdamos el control de nosotros mismos y nos obnubilemos hasta el punto de no medir consecuencias

Correr por el patio no es aconsejable, porque:

  • se corre el riesgo de golpear a los más pequeños
  • se pone en peligro nuestra propia seguridad al exponernos a caídas y choques

Otros conceptos que puedes transmitir son:

  • No vale más quien pega más fuerte
  • No vale menos quien rehúsa pelear
  • El poder de quien domina a otro a golpes está basado en el miedo
  • Quien tiene supremacía sobre otros carga con la responsabilidad de administrarla correctamente, para no abusar de ella