Domingo, 23 de Noviembre de 2008
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Resolución de Conflictos
Enfrentar el Problema

     El primer paso para la solución de un problema siempre es el detectarlo y aceptarlo como tal. La primera condición es fácil de alcanzar; cualquiera puede percibir, salvo en contados casos, que algo anda mal en las relaciones del grupo, especialmente cuando se producen hechos de obvio antagonismo o agresiones verbales o físicas.

     Aceptar que el problema es importante y que merece ser resuelto suele ser más difícil, ya que no siempre las partes están de acuerdo sobre la relevancia del conflicto: quien agrede o discrimina a otros se excusa a menudo minimizando sus actos, mientra que la víctima tiende naturalmente a exagerar la ofensa recibida.

     En esta primera etapa, entonces, deberá explorarse profundamente la percepción personal que cada parte tiene del problema, definiéndolo con total claridad hasta alcanzar el consenso adecuado respecto de su importancia.

     Es evidente que esto deberá hacerse a través de la conversación, y por eso es vital que se pongan en juego las mejores aptitudes comunicacionales:

  • Respeto por los puntos de vista ajenos aunque no se coincida con ellos
  • Tolerancia y ayuda para con los miembros del grupo que tengan dificultades al expresarse
  • Paciencia y buena voluntad para escuchar a los otros

     Ciertas actitudes personales son necesarias, además de las anteriores:

  • Auto-control. No dejarse llevar por la ira ante opiniones que son adversas.
  • Confianza. Presumir siempre la honestidad y la sinceridad en los otros.
  • Honestidad. Decir siempre la verdad y ser sinceros al expresar opiniones.
  • Humildad. Admitir desde el principio que jamás podremos tener toda la razón.

     El espíritu de grupo debe prevalecer en esta etapa, y en general durante todo el proceso de resolución de un conflicto. La clase debe sentirse cohesionada, si no en las opiniones o en los juicios de sus miembros, en la convicción de que debe hallarse una solución para beneficio de todos. Es conveniente que cada tanto se refuerce este concepto recordado que el bien común está por encima del bien individual; que el problema es de todos, no sólo de las partes, y que más allá de las necesidades de los antagonistas hay una clase que reclama un acuerdo como condición indispensable para reestablecer la armonía.