Tener la Razón
¿Vale la pena pelear por ella?
¿Qué significa "tener la razón, y por qué tan a menudo entramos en conficto con otras personas tratando de defender nuestro "punto de vista? ¿Cuál es la manera correcta de proceder cuando la opinión de otros no nos satisface, o directamente se opone a la nuestra?
Los asuntos "opinables"
Lo primero que debes considerar antes
de discutir con otra persona es si el tema es "opinable" o no. ¿Qué significa
ésto? Un asunto opinable es aquél del cual no podemos decir jamás si es verdadero o
falso, bueno o malo, mejor o peor. Los asuntos opinables dependen de la opinión
de las personas, es decir, de sus puntos de vista personales, como por ejemplo, qué grupo
de rock es mejor que otro, qué corte de pelo debe usarse este verano o qué país posee
las mejores playas. Incluso cosas tan profundas como la existencia de Dios son opinables,
porque no podemos aportar pruebas objetivas para demostrarlas.
Ya te habrás dado cuenta, leyendo
lo anterior, que no vale la pena pelear por asuntos "opinables". Quien no piensa
igual que tú tiene tus mismos derechos, y por lo tanto su opinión es digna del mismo
respeto con que tú pretendes que se trate la tuya. Tú puedes pensar que tu punto de
vista es mejor, más digno, más profundo o más verdadero que el del otro, pero eso no
cambia las cosas. El otro puede pensar exactamente lo mismo.
¿Qué quiere quien pelea por un
asunto opinable? Que le "den" la razón. Que otros admitan que la tiene. Que
acepten su verdad personal como propia. Detrás de quien hace ésto siempre hay una
intención autoritaria (deseo de imponerse a los otros), y paternalista
(creerse mejor y superior a los otros). Seguramente tú no quieres ser uno de éstos, y de
seguro preferirías que te den la razón porque has convencido a tu interlocutor, antes
que porque le inspiras temor o un desmedido respeto. El problema es que con los asuntos
opinables nadie tiene la razón. ¿Para qué pelear por ella, entonces?
Verdad y Mentira
Muy distinto es cuando se discute
sobre hechos concretos o sobre datos de la realidad. Si una persona te dice que América
es una provincia de España tú sabes, con total certeza, que está equivocada. En estos
casos es legítimo que trates de explicarle al otro dónde está su error, y hasta que
discutas un poco tratando de convencerlo. ¿Qué hacer si tu interlocutor no acepta tus
argumentos y se empecina en su equivocación? Pelear no, por supuesto. Si ya sabes que
tienes la razón, ¿qué sentido tiene entrar en conflicto? Lo que corresponde es que
indiques al otro claramente cual es tu punto de vista, le señales algunas posibles
fuentes objetivas de información donde se demuestra que tienes la razón (una
enciclopedia, en este caso), y que luego te desentiendas. De allí en más es su
problema, no el tuyo, si no quiere aceptar los hechos como son. Piensa un poco: ¿no es
absurdo pelear cuando uno tiene la razón?
Pero hay una gran diferencia entre
el error y la mentira. Cuando alguien trata de discutir apoyándose en errores
voluntarios, esto es, diciendo falsedades con plena conciencia, estás en presencia de un
mentiroso. Es difícil que logres convencer de algo a un mentiroso, porque se trata de
alguien a quien no le importa la verdad. Lo mejor que puedes hacer en estos casos es poner
en claro tu pensamiento, sin ofender ni agredir a nadie, y retirarte de la discusión.
Si la mentira, en cambio, se dirige
a tí, es decir, si alguien dice cosa falsas sobre tu persona con ánimo de perjudicarte,
es también inútil discutir demasiado. Muéstrate calmo, confiado en lo que has hecho y
dicho, y de seguro las personas que escuchan te darán más crédito que al difamador. Si
peleas por defender tu honor corres muchos riesgos. Si triunfas, puede que sea porque eres
más grande o hábil que tu contrincante, lo cual no prueba que tengas razón. Si pierdes,
ya sea porque te atinaron un golpe de suerte o porque era el otro el más poderoso, el
caso es análogo al anterior. La mejor estrategia contra un difamador es mostrar una
conducta ejemplar, tal que todos digan: "si está tan seguro de sí mismo, y es
tan respetuoso de los otros, no puede ser un mentiroso él mismo, y por lo tanto el
mentiroso deberá ser el otro".
Y si esto no da resultados, ten
confianza, sé paciente, porque la mentira siempre tiene patas cortas, y a la larga o a la
corta el mentiroso comete un error y se pone en evidencia.
Recuerda siempre:
- Si hubieras nacido en otro país lo amarías tal como ahora haces con el tuyo,
- Si hubieras nacido en otro lugar tu religión sería otra, y creerías en ella
con la misma fuerza con que ahora crees en la tuya,
- Si hubieras nacido del sexo opuesto, o de una raza diferente, o bajo otra
cultura y costumbres, pensarías de un modo muy distinto, y lo que hoy te resulta
extraño e incomprensible te aparecería como natural,
- Los insultos no te convierten en nada que no quieras ser. No eres lo que
otros dicen que eres, sino lo que tú eres en realidad,
- Las mentiras duran poco, porque para sostenerlas hacen falta más y más mentiras,
hasta que finalmente todo se desmorona y aparece la verdad,
- El honor y la razón son valores personales. No pretendas que los
demás vivan de acuerdo a tus códigos, porque sin duda no te gustaría que los
otros te impongan los suyos.

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