Domingo, 23 de Noviembre de 2008
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Simón Rodríguez

Filósofo y educador venezolano, maestro y orientador de Simón Bolívar. Nació en Caracas el 28 de octubre de 1771. Su nombre verdadero era Simón Carreño, pero más tarde repudió el apellido de su padre, llamándose a veces a si mismo Robinsón. Sus métodos de enseñanza eran originales y sus ideas de libertad plena no encajaban en la mentalidad de su época.

Desde muy joven, Rodríguez tuvo ideas revolucionarias. Encargado de la educación del joven Bolívar, trece años apenas mayor que su discípulo, con una inteligencia amplia y despierta a los vientos de las nuevas ideas, don Simón era el tipo ideal para trazar sendas en la vida del nuevo joven que acababa de confiársele. Su influencia en el alma tierna y ávida del discípulo, fue decisiva, , dejó impresas en la arcilla dócil del alma adolescente huellas indelebles, y sobre todo, conquistó para siempre el afecto y la simpatía del futuro emancipador de América. Al debelarse la conspiración de Manuel Gual y José María España (julio de 1797), emigró a Jamaica, lugar en el cual aprendió el idioma inglés; luego se instaló en Europa, donde se dedicó al estudio sistemático de lenguas como el francés, italiano, alemán, portugués, y a profundizar en las ideas filosóficas de Thomas Hobbes, del barón de Montesquieu, Jean Jacques Rousseau o Voltaire, las que, más tarde, intentó transmitir a su antiguo alumno Simón Bolívar, cuando coincidió con él en París. Juntos suben al Monte Sacro, en Roma, y ante el maestro el joven discípulo juró la libertad de su patria (15 de agosto de 1805). En 1823, el Libertador le nombró director de Instrucción Pública y Beneficencia de Lima. Bolívar, que lo estimó en alto grado, lo llamó ‘el Sócrates de Caracas’. Sus proyectos sobre educación eran verdaderamente renovadores. La educación del pueblo fue desde sus años juveniles el ideal luminoso que guió la vida de este genial aventurero. En 1794 presentaba al Ayuntamiento de Caracas una obra titulada Estado actual de la Escuela y nuevo Establecimiento de ella por don Simón Narciso Rodríguez. En la primera parte trata sobre "el estado actual de la escuela demostrado en seis reparos:

1º "NO TIENE LA ESTIMACIÓN QUE MERECE",
2º "POCOS CONOCEN SU UTILIDAD",
3º "TODOS SE CONSIDERAN CAPACES DE DESEMPEÑARLA",
4º "LE TOCA EL PEOR TIEMPO Y EL MAS BREVE",
5º CUALQUIER COSA ES SUFICIENTE Y A PROPÓSITO PARA ELLA" Y
6º "SE BURLAN DE SU FORMALIDAD Y DE SUS REGLAS Y SU PRECEPTOR ES POCO ATENDIDO" .

Como respuesta, la honorable Cámara aumentó el número de escuelas, estableciendo una en cada parroquia. No era esto precisamente lo que pretendía don Simón, y por eso renunció al Plantel del cual era director.

La parte más lozana y floreciente de su vida en Europa la dedicó a los afanes de la educación. Hasta en la lejana Rusia se dejó oír su voz de pedagogo.

Murió en la indigencia en la aldea peruana de Amotape, el 28 de febrero de 1854. Sus restos reposan en el Panteón Nacional de Caracas desde 1954.

Fuentes: Encarta y "Bolívar; Paradigma de la estirpe", de Armando Rojas, Colección Centenario, Tomo V, Caracas 1991; enviado por Carlos Alvarado, Venezuela