Domingo, 23 de Noviembre de 2008
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Diego Jacinto Agustín Barros Arana

Nació en Santiago, Chile, el 16 de agosto de 1830. Fue el sexto hijo de Diego Antonio Barros Fernández de Leiva y Martina Arana Andonaegui.

Siendo un niño de cuatro años, Barros Arana perdió a su madre, por lo que fue su padre quien guió sus estudios. Asistió al colegio de la calle Santo Domingo, dirigido por las señoras Fernández para aprender las primeras letras. Su padre que era un convencido de la necesidad de conocer las Ciencias y las Bellas Artes, por lo que -en 1838- inscribió a su hijo como alumno externo en el Instituto Nacional.

Diego estuvo en el Instituto 11 años, destacándose en las clases de Latín, donde fue compañero de Francisco Bilbao y de los hermanos Amunátegui.

Su primera publicación fue en 1849, a los 19 años de edad: tradujo una novela histórica de Alejandro Dumas que publicó El Mercurio de Valparaíso.

En esta misma época se fue a vivir a la finca de su padre en Pudahuel y allí forjó su personalidad y afirmó su afición a la lectura. Su padre estimuló su inquietud intelectual regalándole una colección de más de 300 volúmenes de Historia y Geografía.

A mediados de 1850 publicó su primera obra histórica "Estudios Históricos sobre Vicente Benavides y las Campañas del Sur 1818-1822", donde se inició en su idea de que la historia la hacen y conducen los grandes personajes, que encarnan en sí las virtudes y defectos de su época.

Contrajo matrimonio con Rosalía Izquierdo Urmeneta, el 31 de enero de 1854. Rosalía fue la esposa ideal con quien compartió sus inquietudes intelectuales.

En 1854, Barros Arana comenzó a editar y costear de su propio bolsillo el periódico El Museo, donde publicó una serie de biografías. Su primera crónica histórica fue "Historia General de la Independencia de Chile". En ella, aconsejado por Andrés Bello, decidió relatar con profusión de detalles, basados en documentos, los hechos tal como sucedieron. Bello le dijo: "Escriba joven sin miedo, que en Chile nadie lee".

Este trabajo le valió ser nombrado, en 1855, miembro de la Facultad de Filosofía y Humanidades de la Universidad de Chile.

En 1857 redactó y costeó el periódico El País que, aunque duró 4 meses, fue su inicio como periodista político, polemista y crítico demoledor. Escribía con pasión, atacaba a sus adversarios políticos recriminándoles sus errores, y su mayor preocupación fue la inmoralidad de la administración pública.

En enero de 1858 publicó, junto a Ramón Sotomayor Valdés, el periódico La Actualidad, donde volvió a atacar a Montt.

En diciembre de 1858 Montt estableció censura en la prensa y lo mandó a apresar; Barros Arana después de un breve paso por Argentina se dirigió a Europa. Llegó a Londres en agosto de 1859. Visitó por 4 meses el Archivo General Indias en Sevilla y regresó a París para juntarse con su esposa.

La vida en esa ciudad cambió muchas de sus ideas sobre la religión católica, hasta convertirlo al final de sus días en un agnóstico, que siguió conservando su rectitud moral.

A su regreso a Chile en 1861, fue elegido secretario del Consejo de la Universidad de Chile, cargo en el que se mantuvo hasta que, en diciembre de 1863, el Presidente José Joaquín Pérez lo nombró rector del Instituto Nacional, cuando tenía 33 años. En 1865 introdujo en ese establecimiento las clases de Química, Historia Natural -a cargo de Rodolfo Philippi- y de Historia de América y Geografía que él mismo se ocupó de dictar.

Suprimió las prácticas religiosas del alumnado, entre otras reformas. Éstas fueron tan radicales que generaron encendidas polémicas entre los colegios privados y los católicos. Se mantuvo como rector del Instituto Nacional por 10 años, hasta 1873. Debió enfrentar la discusión del decreto de 1872 que levantó la obligatoriedad de rendir exámenes a los alumnos de colegios privados en los del Estado. En esta época también fue decano de la Facultad de Filosofía y Humanidades de la Universidad de Chile, para lo cual había sido elegido en 1871.

Paralelamente a su cargo de rector, fue elegido diputado por San Fernando en 1867 y en 1870. En 1886 fue electo diputado por Putaendo.

Con el objetivo de rehabilitarlo de su destitución como rector del Instituto Nacional, el Presidente Errrázuriz Zañartu le ofreció -en 1875- una misión diplomática en Argentina, para negociar los problemas limítrofes.

Entre 1876 y 1878 se radicó en Buenos Aires y, a pesar de que no logró avances en las disputas por territorios en el Estrecho de Magallanes, sus negociaciones sirvieron de base para el posterior Tratado Fierro-Sarratea de diciembre de 1878.

Barros Arana volvió a Chile en enero de 1880. El Presidente Aníbal Pinto, preocupado de la propaganda antichilena que Perú hacía en el exterior, le encargó escribir una historia de las causas de la Guerra del Pacífico y sus principales hechos militares. En solo 3 meses, escribió "La Historia de la Guerra del Pacífico".

Por otra parte, los documentos y libros acumulados en sus viajes fueron la base de un extenso relato que dio como resultado otra obra, de 16 tomos, que concluyó de escribir en 1902 después de 20 años. Esta fue su "Historia General de Chile".

Entre 1888 y 1891, el historiador participó en la Comisión de Límites con Argentina como representante chileno; ésta debió dejar de funcionar por los problemas internos del país.

El gobierno de Balmaceda decretó su prisión, por lo que pasó los primeros 4 meses de 1891 escondido en diversas casas de parientes y amigos de Santiago y, finalmente, en la Recoleta Dominica en Apoquindo, de la cual era prior Crescente Errázuriz.

El nuevo gobierno de Jorge Montt lo llamó en septiembre de 1891 a asumir el decanato de la Facultad de Filosofía de la Universidad de Chile. Desde este cargo, se preocupó del Instituto Pedagógico creado en 1889, reformando sus planes de estudio y exámenes, lo cual le valió nuevamente la crítica desde los sectores católicos.

A principios de 1892, Barros Arana retomó el trabajo de perito en la Comisión de Límites que imponía el Tratado con Argentina de 1881.

En los casos de disputa, defendió la tesis del divorcio de las aguas, mientras que el perito argentino Octavio Picó defendió la de las altas cumbres. Estos trabajos sirvieron de base para la firmas de los llamados Pactos de Mayo de 1902.

Sus últimas obras literarias fueron una biografía del naturalista Rodolfo Amando Philippi, que se publicó en octubre de 1904, "Un Decenio de la Historia de Chile 1841-1851", donde cambió su opinión sobre la administración de Manuel Montt y la acción de Antonio Varas: "Creían erradamente que el más eficaz recurso de gobierno es la fuerza, olvidando que esta puede someter a una multitud pero nunca regir a una sociedad."

Concluida esta obra, Diego Barros Arana se retiró a vivir algunos meses a la hacienda familiar en San Bernardo; allí, en 1907, comenzó a padecer la enfermedad que lo llevara a la muerte en octubre de ese mismo año.