Historia de los movimientos sociales
Los Movimientos Sociales en la Edad Media


    En cualquier época de la historia, los conflictos sociales sacan a la luz las estructuras fundamentales, los mecanismos de dominación, las contradicciones profundas que caracterizan a una sociedad determinada.

En el caso de la Europa feudal proponemos una tipología simple, que permita a los estudiantes de la escuela media comprender las principales formas de conflicto social que, por aquel entonces, oponían entre sí a las distintas clases sociales del período.

a) revueltas urbanas antiseñoriales: se trata de rebeliones encabezadas por las burguesías de las prósperas ciudades que surgían con el renacer del comercio, la moneda y la revolución agrícola del siglo XI. El desarrollo de las ciudades impulsó a los burgueses a librarse del control que sobre aquellas ejercían los señoríos nobiliarios, laicos o eclesiásticos, en cuyo seno habían surgido. No en vano, las más conocidas de estas revueltas, como las de Santiago de Compostela y Laón, tienen lugar a comienzos del siglo XII. En términos generales, los burgueses de las ciudades obtienen lo que deseaban: muchas ciudades medievales lograron autonomizarse de los poderes señoriales circundantes, convirtiéndose ellas mismas, en muchos casos, en señoríos colectivos.
b) revueltas de los sectores populares urbanos: para mediados del siglo XIV, los burgueses que doscientos años antes luchaban contra los señores feudales para la obtención del auto-gobierno, se habían convertido ahora en un patriciado urbano, una oligarquía que controlaba el poder político en las ciudades, impidiendo el acceso a los cargos de gobierno a la pequeña burguesía y a los sectores populares urbanos. Las ciudades fueron entonces nuevamente objeto de la violencia desatada, pero en este caso los rebeldes eran las clases populares marginadas de las decisiones políticas y del poder económico, en tanto que la autoridad establecida estaba representadas ahora por los ayuntamientos burgueses. La más célebre de estas revueltas fue la protagonizada en 1378 en Florencia por los ciompi, asalariados de la industria textil florentina, no asimilables a ninguno de los oficios artesanales especializados en que aquella tradicionalmente se dividía: peinadores, cardadores, tejedores, tintoreros, etc.
c) revueltas campesinas: las más célebres de los movimientos sociales medievales fueron sin dudas las revueltas campesinas, en las que las masas rurales superexplotadas atacaban de manera directa a los representantes del poder señorial. Las más célebres de estas revueltas estallan en el siglo XIV, a raíz de la crisis de ingresos señoriales provocada por la decadencia demográfica, fenómeno que a su vez obligó a los señores feudales, extractores del excedente campesino, a incrementar la tasa del tributo señorial exigido a los productores directos. En términos generales estas revueltas, junto con la peculiar coyuntura que supuso la crisis estructural del siglo XIV, contribuyeron a la abolición de la servidumbre en Europa Occidental. Las más célebres revueltas campesinas de la Edad Media fueron la jaqueries francesa de 1358 y el levantamiento inglés de 1381.


1) LA REVUELTA ANTISEÑORIAL DE SANTIAGO DE COMPOSTELA (c.1100)

    La feroz revuelta que los burgueses de Santiago de Compostela organizaron en contra del obispo y señor feudal de la ciudad, Diego Gelmírez, ejemplifica un primer tipo de conflicto social en la Edad Media: el enfrentamiento entre las ciudades y el poder señorial. Gelmírez (obispo desde 1100; arzobispo desde 1120) es atacado no en su calidad de líder religioso sino en virtud de su poder como titular de un señorío feudal. Los burgueses de Compostela desean obtener el auto-gobierno, sin interferencias de la gran nobleza, fuera ésta laica o eclesiástica. Llama la atención el grado de violencia que los burgueses -a quienes el cronista genéricamente denomina "compostelanos"- demuestran contra el obispo y contra la reina Urraca de Castilla, hija de Alfonso VI, quien coyunturalmente se hallaba de visita en la ciudad. No caben dudas de que el objetivo de los burgueses era provocar la muerte del prelado, pues prenden fuego a la torre del palacio episcopal donde aquél se había refugiado. La reina recibe un salvoconducto para abandonar el lugar, pero es sometida a vejámenes y maltratos físicos por parte de los airados habitantes de la ciudad. La revuelta de Santiago de Compostela no fue la única reacción de las crecientes ciudades burguesas contra el poder señorial ni la única revuelta en pos del auto-gobierno urbano. En 1112 los burgueses de Laón, en Francia, encabezaron un movimiento similar contra el obispo-señor de la ciudad. El prelado se ocultó vanamente en un tonel, de donde fue sacado y masacrado. A su cadáver le cortaron el dedo en cual llevaba el anillo episcopal. Estas revueltas rebelan la furia de clase de la burguesía, fortalecida por el renacimiento urbano y la expansión económica iniciadas en el siglo XI, en pos de la obtención de un espacio político autónomo en el seno de la Europa feudal.
    Reproducimos a continuación un fragmento de la Historia Compostelana, documento mandado a redactar por el propio arzobispo Gelmírez, como glorificación de su pontificado. Se percibe en el cronista, por lo tanto, una profunda aversión hacia los burgueses sublevados, a quienes califica en los peores términos.

"El obispo y la reina, que moraban en los palacios, cuando oyeron los clamores y el estrépito de la ciudad, y en qué grado los imitadores de Iscariote habían incitado contra ellos a los ciudadanos, temieron; y tanto más cuanto que ven ir en aumento la osadía de los rebeldes y hacerse más violento el motín, y que la iglesia del Apóstol y los palacios del obispo hállanse sitiados por gente armada y son combatidos con más furia. No saben qué resolución tomar contra tan execrable audacia. La Iglesia del Apóstol es asaltada; por encima del altar vuelan piedras, saetas, dardos; los traidores llevan a cabo sacrílegas peleas. ¿ A qué no se atreverán manos malvadas ?. Ponen fuego a la iglesia de Santiago los perversísimos agresores, y por uno y otro lado la incendian (...). ¡ Oh maldad ! Una Iglesia tan venerada y tan digna de un Apóstol es quemada. ¡ Oh dolor ! Suben a lo alto las llamas en la iglesia apostólica, y por todas partes ofrece un horroroso espectáculo.
Así que el obispo y la reina vieron arder la iglesia, y que los sobredichos conjurados con tanta gente estaban prontos a toda maldad, no considerándose seguros en los palacios episcopales, refúgianse en la torre de las campanas con todo su séquito. Los compostelanos, a su vez subiendo a la parte alta de la iglesia, corren, roban, arrojan vestidos y vasos de oro y plata con lo demás que al obispo y a la reina pertenecía. Suben por fin (...) a la torre del palacio episcopal, y dispónense a asaltar la torre de las campanas, donde estaban refugiados el obispo (...) y la reina. Atacan dicha torre, arrojan piedras y saetas, y amenazan de muerte al obispo, a la reina y a cuanto los acompañan. Pero con no menos vigor se defendían los que ocupaban la torre, rechazando al enemigo. Aquí fue donde más duró el combate. Viendo, en fin, los compostelanos que los sucesos del combate alternaban en pro y en contra, acuden de consuno al fuego; y logran introducir fuego por una ventana que había en la parte baja de la torre. Comenzado el fuego, aglomeran también combustible que lo fomente. ¿ A qué demorarme ? Se propaga el fuego en la torre, yendo contra los que se hallan dentro (...).
En esto clamaban los de afuera: "Salga la reina, si quiere; sólo a ella damos permiso para salir y facultad de vivir; los demás perezcan a hierro y fuego". Oído esto, como el fuego había tomado incremento en la torre, la reina estimulada por el obispo, y obtenida seguridad de los de afuera, abandonó la torre. Pero luego que la turba vió que salía, arremeten contra ella, la toman y arrójanla al suelo en un lodazal; arrebátanla como lobos, hacen jirones sus vestidos (...). Intentaron también muchos cubrirla de piedras, y entre ellos una vieja compostelana con una piedra hirióla gravemente en la mejilla".

    


2) LA REBELÍÓN DE LOS CIOMPI EN FLORENCIA (7JUNIO-AGOSTO DE 1378)

    La revuelta de los ciompi representa una típica guerra social en la cual los sectores populares urbanos, el popolo minuto, las clases asalariadas, buscaron frenar su creciente marginalidad en términos políticos y económicos, a la que se veían sometidos por la concentración de poder en manos de la oligarquía burguesa. En 1382, derrotada la revuelta popular, los burgueses más ricos lograron finalmente concentrar en sus manos el poder, abriendo el camino para el ascenso de los Medicis, y la transformación de Florencia en una república aristocrática de banqueros y comerciantes.
    A diferencia de la revuelta de Compostela, las víctimas de la violencia del pueblo sublevado no son los nobles ni el alto clero, sino las casas y palacios de los burgueses ricos.
Reproducimos a continuación un fragmento de la Cronache e Ricordanze di Pubblici Magistrati del Giugno-Luglio 1378, a cargo de Gino Scarmella. Como en el caso anterior, se trata de una fuente hostil para con los sublevados.

"Entre tanto gran parte del pueblo y de los portaestandartes de los gremios, que se encontraban en la plaza, armados, gritando "¡Viva el Pueblo!" (...) corrieron a las casas de maese Lapo di Castiglionchio y de sus partidarios y robaron y prendieron fuego. Y luego corrieron a las casas de los Buondelmonti e hicieron lo mismo y quemaron las casas de los hijos de maese Lorenzo y la lonja que se encontraba frente a aquellas (...) Y luego quemaron y robaron el palacio de los Pazzi (...)
Y realizados los mencionados robos e incendios, el popolo minuto y las artes se dirigieron a la cárcel de la comuna, la destruyeron y sacaran fuera a todos los prisioneros.
Todos éstos se dirigieron juntos al lugar de los Romiti degli Agnoli y por fuerza entraron dentro e hicieron grandísimo daño y grandísimos robos de ropa y de alhajas y en moneda contante, estimados en más de cien mil florines; pues muchísimos ciudadanos habían amontonado en dicho lugar gran parte de lo que poseían en materia de muebles y vestimentas finas, y allí fueron muertos uno o dos frailes de su orden.
De la misma manera en ese mismo día se levantaron algunos del popolo minuto en el barrio de Oltrano, y fueron a Santo Espíritu, y allí entraron por fuerza dentro de la Iglesia para robar y robaron muchos objetos que los ciudadanos habían acumulado allí, y en verdad habrían hecho mucho daño si no hubiese llegado un tal Piero di Fronte que era de los priores, a caballo, armado y atacó de tal manera que los mencionados minuti se alejaron del lugar de los frailes. Y a tres de aquéllos que se apoderaron de los objetos se los hizo ahorcar. Luego volvió a pasar al Arno, y supo que algunos malhechores, en grandísimo número, se dirigían a la sala de la Comuna con intención de robarla e incendiarla. Y allí el mencionado Piero actuó de tal manera que la cámara de la Comuna no fue tocada y la mala gente se alejó"

 3) LA JACQUERIE FRANCESA DE 1358

    La gran rebelión que afectó una parte importante del campo francés en 1358 es tal vez una de las más célebres revueltas campesinas de la historia europea. Tanto es así que, el nombre de jaquerie, adoptado a raíz del despreciativo apelativo de Jacques Bonhomme con que la nobleza señorial designaba genéricamente al campesinado, se convirtió en el sustantivo común utilizado para describir cualquier revuelta campesina violenta de grandes dimensiones. La Jaquerie de 1358 no puede por otra parte aislarse de la gran crisis estructural que afecta al feudalismo a lo largo del siglo XIV. En estos enfrentamientos de clase los campesinos obtendrán en el mediano plazo algunos de sus objetivos más importantes, entre ellos, la abolición de la servidumbre. El campesinado de la Europa Moderna, aún cuando su situación económica no difería en gran manera de sus antepasados medievales, será por lo tanto un individuo jurídicamente libre. Esta transformación de su status jurídico no puede explicarse sin recurrir a los miles de campesinos masacrados durante las revueltas campesinas de fines del Medioevo.
    A diferencia de los dos ejemplos anteriores, se trata en este caso de una revuelta eminentemente rural, y las víctimas de la violencia fueron los castillos señoriales y las residencias rurales de la nobleza feudal.
    Reproducimos a continuación un fragmento de Les Chroniques de Froissart, que al igual que los dos casos anteriores, se muestra extremadamente hostil para con los campesinos sublevados, poniendo énfasis en el grado extremo de violencia que aquellos habrían ejercido en contra de los señores feudales, sus familias y sus propiedades.

"Inmediatamente después de la liberación del rey de Navarra, tuvo lugar un acontecimiento profundamente sorprendente en varias partes de Francia. Así, algunas gentes de los pueblos del campo, sin jefe, se reunieron en Beauvoisin; al comienzo no eran ni cincuenta hombres, y dijeron que todos los nobles del reino de Francia, caballeros y escuderos, deshonraban y traicionaban al reino, y que sería una cosa muy buena acabar con todos ellos. Y cada uno de ellos dice: "¡Mirad! Deshonrado sea aquél por cuya culpa no se destruye a todos los nobles". Entonces se reunieron y, sin otro consejo ni arma alguna, excepto palos guarnecidos de hierro y cuchillos, fueron a la casa de un caballero que moraba allí cerca. Así destrozaron la vivienda y mataron al caballero, la dama y los niños, pequeños y grandes, y quemaron la casa. Después fueron a otro castillo y procedieron aún peor, pues tomaron al caballero, lo ataron fuertemente a una estaca, y la mayoría violó a su mujer e hija, a la vista del caballero. Luego, mataron a la mujer -que estaba encinta- y a la hija y los niños, y luego al caballero, martirizándolo, y quemaron y abatieron el castillo. Igual procedieron en muchos castillos y casas. Y se multiplicaron tanto que pronto fueron seis mil, y por todas partes donde iban aumentaba su número, pues los seguían todos los de su índole. Así, todos los caballeros, damas y escuderos, sus mujeres e hijos, huían de ellos y llevaban a las damas y doncellas hijas suyas a diez y veinte leguas de allí, donde pudieran estar seguras; y dejaban sus moradas vacías y con sus bienes dentro. Y estas gentes ruines, agrupadas sin jefe ni armas, robaban y quemaban todo, mataban, forzaban y violaban a todas las damas y doncellas sin piedad ni lástima, tal como perros rabiosos. Entre ellos habían hecho un rey que, según se decía, era de Clermont en Beavoisin, y eligieron al peor de los malos. Llamaron a éste rey Jaques Bonhomme. Estas gentes ruines incendiaron, en la región, más de sesenta hermosas casas y castillos fuertes".

Fabián A. Campagne



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