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La
edad de la inocencia transcurre en el Nueva York de la década
de 1870, y es -por lo tanto- una de las pinturas más exactas
que jamás se han hecho de la denominada sociedad victoriana.
Wharton conoció desde adentro aquel mundo de la alta sociedad
patricia de finales del siglo XIX, por cuanto nació en la misma
Nueva York en el año 1862, en el seno de una familia acomodada.
Su educación transcurrió entre institutrices y constantes
viajes al extranjero; hasta que, finalmente, se instaló en Paris,
en 1907 (de manera permanente, luego de la separación y divorcio
de su marido). El argumento de la novela describe los conflictos que, en la victoriana clase alta neoyorquina, produce el súbito arribo de la inquietante condesa Olenska, quien -con su carácter osado- perturbará irremediablemente el encanto de una vida social frívola e hipócrita. Detrás del amable mundo de las estrictas convenciones burguesas se desarrolla, entonces, un drama pasional, que la alta sociedad pugnaba por mantener en secreto, siempre fiel a la doble moral que caracterizaba a la sociedad victoriana. El hogar y la familia fueron las principales instituciones de la Europa victoriana, la quinta esencia de la civilización burguesa. Si el mundo exterior era frío y despiadado, el hogar era un oasis de paz, en el cual reinaba el calor familiar. La familia era el refugio para aquellos que debían sobrevivir en una sociedad burguesa sustentada en el mérito personal, en la competencia y en el esfuerzo individual. A pesar de que el sistema político iba haciéndose más democrático, la familia burguesa lo era cada vez menos, pues se basaba en una severa jerarquía de dependencia personal, en la cual el padre tenía todo el poder. El hogar era una dictadura paternal. Como afirmaba un dicho de la época, la esposa debía encargarse tan sólo de la administración de la casa: "sé buena, dulce sierva, y deja que él sea inteligente". El sometimiento de la mujer explica el surgimiento de los primeros brotes de feminismo desde fines del siglo XIX. El hogar representaba también la solidez económica de la familia. Por ello, los objetos y adornos decorativos se apiñaban en los salones de las residencias burguesas, según las normas de status vigente. El piano, cuanto más grande y costoso mejor, no podía faltar jamás en ningún hogar burgués acomodado. Era uno de los símbolos máximos del bienestar económico del grupo. La otra gran característica del período fue la hegemonía de una estricta moralidad en materia sexual, sujeta a los rígidos cánones del modelo familiar victoriano. Atrás quedaron los escándalos y la moralidad laxa de finales del siglo XVIII y del período romántico. La sociedad de la segunda mitad del siglo XIX comenzó a regirse por los parámetros establecidos por la rígida soberana inglesa y su grupo familiar, de puritanas y ascéticas costumbres personales. La reina Victoria y el príncipe Alberto fueron un ejemplo de buenas costumbres y fervor religioso. La pareja real sentía la obligación moral de dar el buen ejemplo a sus súbditos. El divorcio, la coexistencia de parejas y los embarazos al margen de la institución matrimonial, las relaciones sexuales prematrimoniales y la homosexualidad, fueron las peores transgresiones que podían realizarse contra el modelo familiar victoriano. El cambio experimentado en las costumbres fue tan brusco y evidente que, hacia 1850, sólo unos pocos nobles de la vieja generación se atrevían a mostrarse públicamente con sus amantes, costumbre habitual entre los aristócratas de décadas anteriores. El lenguaje se transformó de una manera absoluta, y se recurrió a metáforas y eufemismos para evitar mencionar palabras inconvenientes. Una mujer encinta era "una dama en tren de tener familia", y en el momento del parto estaba "enferma". El vientre era el "estómago" y las piernas no podían mostrarse ni mencionarse. Los únicos que se atrevieron a desafiar el exceso de moralidad imperante fueron los artistas y los bohemios. El francés Gustave Flaubert publicó en 1857 su novela Madame Bovary, la historia de una burguesa de provincia que, tras engañar a su aburrido cónyuge con varios amantes, termina suicidándose. A raíz de este libro, Flaubert fue sometido a proceso, acusado por el Fiscal de Estado francés de corromper la moral pública. También en el año 1857, el mismo fiscal inició otro juicio contra Charles Baudelaire, a raíz de la publicación de Las flores del mal. El escritor Émile Zola provocó otra polémica con la publicación de Nana, la historia de una prostituta; escándalo que se vio potenciado cuando el artista plástico Édouard Manet, audaz retratista de desnudos, pintó una tela inspirada en la novela. El compositor operístico Giuseppe Verdi, por su parte, fue el centro de las críticas de la alta sociedad italiana, por haber convivido con la soprano Giuseppina Strepponi durante veinte años sin contraer matrimonio. Finalmente, el escritor inglés Oscar Wilde fue condenado a trabajos forzados, acusado de mantener una relación homosexual con un aristócrata londinense. Por igual motivo, muchos especialistas especulan con que el músico ruso Pyotr Il´yich Tchaikovsky fue impulsado al suicidio: aunque se informó oficialmente que el músico de 53 años había muerto a causa del cólera, hubo quien insinuó que una campaña solapada entre la alta sociedad rusa le había forzado a envenenarse para evitar el escándalo (1893). A continuación, proponemos un cuestionario para profundizar en el estudio y análisis de la sociedad victoriana, a partir del contenido de la película La edad de la inocencia. Como en todos los casos, sugerimos trabajar conjuntamente la película de Scorsese y la novela de Edith Wharton, publicada por la editorial Tusquets, en una excelente traducción castellana de Manuel Sáenz de Heredia, (1ª edición, 1993). He aquí el cuestionario para el análisis del largometraje: 1) Identifique los distintos personajes que, a lo largo del film, rompen
con la rígidas convenciones sociales de la moral victoriana.
¿Qué actitud adoptan ante ellos las principales familias
del patriciado neoyorquino? ¿Qué hechos o circunstancias
provocan escándalo?
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