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 Taller
de Historia
El
Fusilamiento de Dorrego
-13 de diciembre de 1828-
El
trágico fusilamiento de Dorrego por orden de Juan Lavalle constituye
hasta el presente uno de los episodios más inexplicables de toda la
historia argentina del siglo XIX.
Los
historiadores han podido reconstruir hasta al mínimo detalle los acontecimientos
que rodearon aquel trágico 13 de diciembre, gracias a la supervivencia
de abundante material documental: las cartas del propio Dorrego a sus
seres queridos, las misivas entre Lavalle y sus ministros, los pedidos
de clemencia de diversas personalidades, las memorias de testigos presenciales...
Una
propuesta de trabajo práctico con los alumnos consiste, entonces, en
proporcionarles copia de los principales documentos relacionados con
el fusilamiento, pero alterando el orden cronológico y omitiendo las
fechas de cada uno de ellos. Será tarea de los alumnos, transformados
en aprendices de historiadores, la catalogación y ordenamiento de las
fuentes, según los criterios lógico y cronológico que se desprenden
de cada texto.
El
docente podrá también omitir entregar algún documento clave de la serie,
para incentivar en los alumnos el ejercicio deductivo y la formulación
de hipótesis propia del trabajo de los historiadores, que deben solucionar
así la falta o ausencia de documentos.
Los
objetivos de este trabajo práctico pueden tal vez potenciarse si las
consignas se resuelven grupalmente, pues de esta manera se reproduce
también la tarea colectiva de construcción del conocimiento científico.
Este
trabajo detectivesco puede complementarse con alguna pregunta disparadora,
que permita orientar la pequeña investigación: ¿ concretó finalmente
Lavalle la orden de ejecución contra Dorrego o desistió finalmente de
su propósito ?.
Reproducimos
a continuación la serie de documentos que permiten reconstruir los acontecimientos
relacionados con el fusilamiento de Dorrego:
[Nota: se recomienda
entregar a los alumnos sólo los textos de los documentos, no los copetes]
Documento 1: Comunicado
de Lavalle dando cuenta de la captura de Dorrego, 11-12-1828
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Señor ministro.
En este momento he recibido
una nota del teniente coronel de húsares don Bernardino Escribano,
dándome parte de haber prendido al coronel Dorrego en las inmediaciones
de Areco, y de conducirlo a este punto...
Saludo al señor ministro, repitiéndole
mis asentimientos de aprecio"
Juan Lavalle
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Documento 2: Carta
del Almirante Brown, gobernador delegado en Buenos Aires, a Lavalle,
aconsejándole que permita a Dorrego salir del país, 12-12-1828 (a la
noche)
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Señor gobernador don Juan Lavalle:
Mi apreciado señor:
La carta original de Dorrego
que incluyo a usted le informará de sus deseos de salir a un país
extranjero, bajo seguridades: mi opinión a este respecto, como
particular, está de conformidad, pero asegurando su comportamiento
de no mezclarse en los negocios políticos de este país... Esta
es mi opinión privada, mas usted dispondrá lo que considere mejor,
para asegurar los grandes intereses de la provincia; quedando
su muy atento amigo y servidor
W. Brown
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Documento 3: Carta
de Juan Cruz Varela a Lavalle, sugiriendo veladamente la necesidad de
la ejecución de Dorrego, 12-12-1828 (10 de la noche)
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Señor don Juan Lavalle
Mi general:
Después de la sangre que se
ha derramado en Navarro, el proceso del que la ha hecho correr,
está formado: ésta es la opinión de todos sus amigos de usted;
esto será lo que decida de la revolución; sobre todo, si andamos
a medias... En fin, usted piense que 200 o más muertos y 500 heridos
deben hacer entender a usted cuál es su deber...
Cartas como éstas se rompen,
y en circunstancias como las presentes, se dispensan estas confianzas
a los que usted sabe que no lo engañan, como su atento amigo y
servidor
Juan C. Varela
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Documento 4: Carta
de Salvador María del Carril a Lavalle, sugiriendo la necesidad de tomar
medidas drásticas contra Dorrego, 12-12-1828
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Señor general don Juan Lavalle
Querido general:
(...) Ahora bien, general,
prescindamos del corazón en este caso (...)
Así, considere usted la suerte
de Dorrego. Mire usted que este país se fatiga 18 años hace, en
revoluciones, sin que una sola haya producido un escarmiento (...).
En tal caso, la ley es que una revolución es un juego de azar
en el que gana hasta la vida de los vencidos cuando se cree necesario
disponer de ella. Haciendo la aplicación de este principio de
una evidencia práctica, la cuestión me parece de fácil resolución.
Si usted, general, la aborda así, a sangre fría, la decide; si
no, yo habré importunado a usted; habré escrito inútilmente, y
lo que es más sensible, habrá usted perdido la ocasión de cortar
la primera cabeza a la hidra, y no cortará usted las restantes;
¿ entonces, qué gloria puede recogerse en este campo desolado
por estas fieras ?. Nada queda en la República para un hombre
de corazón".
Salvador María
del Carril
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Documento 5. Fragmento
de las memorias del general Gregorio Aráoz de Lamadrid, escritas veinte
años después de los hechos de que fuera testigo presencial
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"Fui a ver al general Juan
Lavalle a solicitar su permiso para hablar con el señor Dorrego
así que llegara. Dicho general (...) me permitió verle así que
llegara y lo hice en efecto, al momento mismo de haber parado
el birlocho en medio del campamento y puéstosele una guardia.
Subido yo al birlocho y habiéndome abrazado, díjome: "¡ Compadre,
quiero que usted me sirva de empeño en esta vez para con el general
Lavalle, a fin de que me permita un momento de entrevista con
él!" (...). "Compadre -le dije-, con el mayor gusto voy a servir
a usted en este momento". Corrí a ver al general, hícele presente
el empeño justo de Dorrego...; mas viendo yo que se negó abiertamente
a ello, le dije: "¿ qué pierde el señor general con oírle un momento...?".
"¡No quiero verle, ni oírlo un momento¡"...
Salí desagradado, y volví sin
demora con esta funesta noticia a mi sobresaltado compadre.
Al dársela se sobresaltó aún
más, pero lleno de entereza mi dijo: "¡Compadre, no sabe Lavalle
a lo que se expone con no oírme! Asegúrele usted que estoy pronto
a salir del país; a escribir a mis amigos de las provincias que
no tomen parte alguna por mi...
Bajéme conmovido y pasé con
repugnancia a ver al general. Apenas me vio entrar, díjome: "Ya
se le ha pasado la orden para que se disponga a morir, pues dentro
de dos horas será fusilado; no me venga con muchas peticiones
de su parte". ¡Me quedé frío! "General, le dije, ¿ por qué no
le oye un momento, aunque lo fusile después?". "¡No lo quiero!",
díjome, y me salí en extremo desagradado y, sin ánimo de volver
a verme con mi buen compadre...; pero en el momento se me presenta
un soldado a llamarme de parte de Dorrego, pidiéndome que fuera
en el momento.
Al momento de subir al birlocho
se paró con entereza y me dijo: "Compadre, se me acaba de dar
la orden de prepararme a morir dentro de dos horas. A un desertor
al frente del enemigo, a un bandido, se le da más termino y no
se le condena sin oírle y sin permitirle su defensa. ¿Dónde estamos?
¿Quien ha dado esta facultad a un general sublevado? Proporcióneme
usted, compadre, papel y tintero, y hágase de mi lo que se quiera.
¡Pero cuidado con las consecuencias!".
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Documento 6: Fragmento
de una carta de Juan Estanislao Elías, edecán de Lavalle en 1828, y
encargado de comunicar a Dorrego su inminente ejecución, quien años
después narra a su hermano la reacción inicial del condenado (12 de
junio de 1869)
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Señor don Angel Elías
Mi estimado hermano:
(...) Cerca de las dos de la
tarde hice detener el carro frente a la sala que ocupaba el general
Lavalle, y desmontándome del caballo fui a decirle que acababa
de llegar con el coronel Dorrego.
El general se paseaba agitado
a grandes pasos y al parecer sumido en una profunda meditación,
y apenas oyó el anuncio de la llegada de Dorrego, me dijo estas
palabras que aún resuenen en mis oídos después de cuarenta años:
Vaya usted e intímele que dentro de una hora será fusilado.
El coronel Dorrego había abierto
la puerta del carruaje y me esperaba con inquietud. Me aproximé
a él conmovido y le intimé la orden funesta de que era portador.
Al oírla, el infeliz se dio
un fuerte golpe en la frente, exclamando: ¡Santo Dios!
Amigo mío, me dijo entonces,
proporcióneme papel y tintero y hágame llamar con urgencia al
clérigo Castañer, mi deudo, al que quiero consultar en mis últimos
momentos (...).
Como la hora funesta se aproximaba,
el coronel Dorrego me llamó y me dio las cartas, una que todo
el mundo conoce, para su esposa, y la otra de que yo solo conozco
su contenido, para el gobernador de Santa Fe don Estanislao López.
Ambas cartas se las presenté
al general Lavalle, quien sin leerlas me las devolvió, ordenándome
que entregase la dirigida a su señora y que a la otra no le diera
dirección.
Juan Elías
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Documento
7: Carta de Manuel Dorrego a su esposa, 13-12-1828
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Mi querida Angelita: En este
momento me intiman que dentro de una hora debo morir; ignoro por
qué; mas la Providencia Divina, en la cual confío en este momento
crítico, así lo ha querido. Perdono a todos mis enemigos y suplico
a mis amigos que no den paso alguno en desagravio de lo recibido
por mí.
Mi vida, educa a esas amables
criaturas, sé feliz, ya que no lo has podido ser en compañía de
este desgraciado.
M. Dorrego
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Documento
8: Misivas a sus hijas escritas en otros trozo de papel, 13-13-1828
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Mi querida Angelita
[se refiere ahora a una de sus hijas, no a su esposa]: te acompaño
esta sortija para memoria de tu desgraciado padre.
Mi querida Isabel
[otra de sus hijas]: te devuelvo los tiradores que hiciste a tu
infortunado padre.
Sed católicos
y virtuosos, que esa religión es la que me consuela en este momento".
M. Dorrego
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Documento 9: Carta
de Manuel Dorrego a su amigo Miguel de Azcuénaga, 13-12-1828.
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Señor don Miguel
S. Azcuénaga:
Mi amigo, y por
usted a todos: Dentro de una hora me intiman debo morir, ignoro
por qué; la Providencia así lo ha querido. Adiós, mis buenos amigos,
acuérdense ustedes de su
M. Dorrego
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Documento
10: Carta de Manuel Dorrego a su sobrino, 13-12-1828
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Señor don Fortunato Miró:
Mi apreciado sobrino: Te suplico
arregles mis cuentas con Angela, por si algo le toca para vivir
a esa desgraciada, recibe el adiós de tu tío
M. Dorrego
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Documento 11. Nuevas
indicaciones a su esposa en otro trozo de papel, 13-12-1828
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Mi vida: mándame a hacer funerales,
y que sean sin fausto. Otra prueba de que muero en la religión
de mis padres,
tu Manuel
[y añade]
"Todos los documentos de minas
en compañía de Lecoc están en la cómoda vieja; que Lecoc sea dueño
de todas y dé a mi familia lo que tuviese a bien.
Que Fortunato te entregue lo
que a conciencia crea tener mío.
Calculo que Azcuénaga me debe
como tres mil pesos.
José María Miró, mil quinientos.
De los cien mil pesos de fondos
públicos que me adeuda el Estado, sólo recibirás las dos terceras
partes; el resto lo dejarás al Estado.
A Manuel, la mujer de Fernández,
les darás trescientos pesos.
A mis hermanos, y demás coherederos,
debes darles o recabar de ellos como mil quinientos pesos, que
recuerdo tomé de mi padre y no he repartido a ellos".
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Documento 12. Carta
a Estanislao López, gobernador de Santa Fe, 13-12-1828
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Señor gobernador de Santa Fe
don Estanislao López.
Mi apreciable amigo: En este
momento me intiman a morir dentro de una hora. Ignoro la causa
de mi muerte; pero de todos modos perdono a mis perseguidores.
Cese usted por mi parte todo
preparativo, y que mi muerte no sea causa de derramamiento de
sangre. Soy su afectivo amigo.
Manuel Dorrego
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Documento 13: Comunicado
de Lavalle dando cuenta del fusilamiento, 13-12-1828
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Señor Ministro:
Participo al gobierno delegado
que el coronel don Manuel Dorrego acaba de ser fusilado por mi
orden al frente de los regimientos que componen esta división.
La historia, señor ministro,
juzgará imparcialmente si el coronel Dorrego ha debido o no morir;
y si al sacrificarlo a la tranquilidad de un pueblo enlutado por
él, puedo haber estado poseído de otro sentimiento que el del
bien público.
Quisiera persuadirse el pueblo
de Buenos Aires, que la muerte del coronel Dorrego es el sacrificio
mayor que pueda hacer en su obsequio.
Saludo al señor ministro con
toda atención
Juan Lavalle
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Documento
14: Carta de Díaz Vélez a Lavalle, quien ignorando que el fusilamiento
ya se ha producido, comunica que el representante del gobierno de EE.UU.
estaba dispuesto a facilitar a salida de Dorrego del país, 13-12-1828
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Señor don Juan
Lavalle
Mi querido general y amigo
de toda mi estimación:
(...) En esta misma posición,
es en la que llego como amigo suyo y de Dorrego, a interponer
mi mediación, para que él vaya a Estados Unidos, y explicaré cómo
debe ser en mi opinión... Dorrego debe salir inmediatamente sin
toca en el pueblo, extrañado perpetuamente, dando garantías que
podrán prestarlas los mismos mediadores, y privado también de
la ciudadanía, etc. Esto es digno, más que fusilarlo, aun después
de un juicio muy dudoso, si se han de consultar los ápices de
la justicia"
Díaz Vélez
P.D.: en caso que Dorrego vaya
a Estados Unidos, Forbes dará buque al instante.
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Documento 15: Carta
de Del Carril a Lavalle, en el que le aconseja fraguar un proceso, para
salvar las apariencias de la ejecución sumaria de Dorrego, 15-12-1828
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Señor general don Juan Lavalle
Mi querido general:
(...) Me tomo la libertad de
prevenirle, que es conveniente recoja usted un acta del consejo
verbal que debe haber precedido a la fusilación. Un instrumento
de esta clase, redactado con destreza, será un documento histórico
muy importante para su vida póstuma (...). Que lo firmen todos
los jefes y que aparezca usted confirmándolo. Debe fundarse en
la rebelión de Dorrego con fuerza armada contra la autoridad legítima
elegida por el pueblo; en el empleo de los salvajes para ese atentado;
en sus depredaciones posteriores...etc.etc.
Salvador María
del Carril
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Documento 16: Fragmento
de las memorias de Tomás de Iriarte, escritas años después de los acontecimientos
de diciembre de 1828
| He dicho que desde que supe
que Dorrego estaba en poder de Lavalle no dudé un momento de que
éste lo fusilaría, y como prueba de esta convicción, haré mención
de un sueño que tuve en la noche del 13 al 14: bien que no soy hombre
que crea en sueños. Dorrego fue fusilado en la tarde del 13 al frente
del ejército en una estancia inmediata a Navarro; pues bien, yo
soñé esto mismo y mi imaginación ocupada de esta escena mientras
estaba despierto, me la representó muy al vivo mientras dormía,
de modo que por la mañana comuniqué el sueño a varios individuos
de mi familia, y varios amigos de confianza. Por la tarde cuando
llegó la noticia del infame asesinato, no me sorprendí lo más mínimo;
y al primero que me la comunicó, le contesté lo que había soñado.
La cosa era muy natural, cuando el ánimo está preocupado y excitado
con gran interés en un objeto, en un desenlace probable de algún
suceso, las ideas se repiten durante el sueño... |

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