Armando
una Pila Solar
Una
pila solar es un dispositivo que convierte energía proveniente
del sol en energía eléctrica. Para que esta conversión
sea eficiente, se utiliza silicio altamente procesado, para cuya obtención
hacen falta laboratorios y procedimientos muy sofisticados.
Sacrificando
eficiencia, aquí le mostraremos la forma de fabricar una pila
solar a través de un proceso simple, utilizando materiales fáciles
de conseguir.
Esta pila
está construida con óxido cuproso (óxido de Cu(I),
en lugar de silicio. Este óxido es uno de los primeros materiales
en los que se descubrió que presenta el efecto fotoeléctrico,
efecto que hace que fluya electricidad por incidencia de luz.
En 1905 Albert
Einstein publicó un trabajo en el que da la explicación
de este efecto, trabajo por el que recibió en 1921 el premio
Nobel de Física.
Materiales necesarios
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- Una lámina de cobre de dimensiones aproximadas
25 cm x 25 cm. |
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- Un microamperímetro que pueda detectar corrientes
de intensidades entre 10 y 50 microamperios. |
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- Una hornalla de una cocina eléctrica de una potencia
de aproximadamente 1000 - 1200 Watts. |
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- Dos conectores eléctricos tipo cocodrilo. |
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- Una botella de plástico de 2 litros, a la que se le corta
la parte superior para tener un recipiente de boca ancha. |
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- Construcción de la celda solar |
Corte una pieza
de cobre de tamaño aproximadamente igual a la placa calefactora
de la cocina eléctrica. Lave sus manos para eliminar restos de
grasa o aceite. Por la misma razón, lave la lámina con
jabón. Finalmente limpie a fondo la lámina de cobre con
papel de lija.
Coloque la
lámina limpia y seca sobre el quemador y ponga el poder calefactor
al máximo.
Cuando la
lámina empieza a calentarse, se cubrirá con hermosos colores
anaranjados, púrpuras y rojos. Al aumentar más la temperatura,
estos colores desaparecerán porque se forma una capa negra de
óxido cúprico (óxido de Cu(II)). Los últimos
vestigios de colores sobre la lámina de cobre desaparecerán
cuando el calefactor llega al rojo. Deje en estas condiciones durante
media hora, para lograr una capa bastante gruesa del óxido negro.
Esto es importante, porque si la capa es delgada, se quedará
pegada a la lámina, mientras que si es gruesa, se desprenderá
fácilmente y dejará al descubierto los colores del óxido
cuproso.
Después
de esta media hora de calentamiento, apague el calefactor y deje que
la lámina de cobre se enfríe lentamente.
Durante el
enfriamiento, tanto el cobre como el óxido cúprico se
contraen, pero lo hacen a velocidades diferentes, por lo cual el óxido
se desprende en forma de escamas. Cuidado, las pequeñas escamas
se desprenden con tanta fuerza que vuelan algunos centímetros
en el aire.
Luego de aproximadamente
20 minutos, la lámina se enfrió hasta temperatura ambiente
y casi todo el óxido negro se desprendió. Los pocos pedazos
que aún quedan se remueven suavemente con las manos bajo agua
corriente. Es importante que esto lo haga con suavidad y sin doblar
la lámina de cobre, porque sino se dañaría la delgada
capa roja de óxido cuproso, necesaria para que funcione la celda
solar.
Corte otro
pedazo de cobre de tamaño similar al primero. Doble ambas láminas
con suavidad, de modo que las dos puedan ser introducidas a la botella
de plástico, sin que se toquen. Es aconsejable que la cara de
la lámina cubierta con óxido cuproso que miraba hacia
arriba durante el calentamiento apunte hacia afuera de la botella de
plástico.
Conecte los
cocodrilos a cada una de las láminas de cobre, el de la lámina
limpia al terminal positivo del amperímetro y el que viene de
la lámina cubierta con óxido cuproso al terminal negativo.

Agregue dos
cucharadas de sal común a agua caliente y revuelva hasta que
toda la sal esté disuelta. Luego vierta con cuidado la solución
a la botella de plástico, cuidando que no se mojen los conectores.
El agua salada NO debe cubrir completamente las láminas. Es conveniente
que queden aproximadamente 2 cm de lámina fuera del agua, de
manera que se pueda mover la celda solar sin que se mojen los conectores.
Observe la
diferencia de la intensidad de la corriente eléctrica colocando
la pila a la sombra y a la luz del sol.
Respuestas:
¿Cómo funciona la pila solar?
El óxido
cuproso es un tipo de material llamado semiconductor. Veamos una explicación
somera sobre estos materiales, porque el análisis más
profundo es demasiado complejo.
Un semiconductor
tiene una conductividad eléctrica intermedia entre un metal y
un material aislador. La propiedad que distingue a los semiconductores
con respecto a los metales es que en aquellos, la conductividad eléctrica
aumenta con la temperatura. Las propiedades eléctricas de los
semiconductores son intermedias entre las de los sólidos atómicos
o moleculares no conductores y las de los metales de alta conductividad,
de ahí su nombre.
En los metales
cada átomo libera uno o más de sus electrones de valencia
(aquellos más débilmente unidos), los que pueden moverse
libremente entre los iones positivos del metal. Estos electrones móviles
son los que mantienen unidos a los cationes metálicos, formando
la estructura ordenada típica de los metales, y los que le dan
el carácter de buen conductor de la electricidad. Al contrario,
en los sólidos covalentes, con excepción del grafito,
todos los electrones de valencia están firmemente unidos a los
átomos, y por lo tanto no pueden moverse libremente a través
del cristal, por lo que un cristal covalente es un no-conductor. Podemos
pensar que un semiconductor es una sustancia covalente en la que los
electrones de valencia no están unidos con tanta firmeza, de
modo que algunos con suficiente energía pueden separarse del
átomo y moverse dentro del cristal. Al aumentar la temperatura,
más electrones adquieren energía suficiente para separarse
de sus átomos. Esto explica el comportamiento peculiar de la
conductividad de los semiconductores, en comparación con la de
los metales.
En realidad,
esta explicación parte de un modelo demasiado simple. La descripción
del modelo más correcto es compleja, de modo que esbozaremos
solamente las ideas fundamentales.
En un átomo
de un metal, el electrón de valencia se ubica en un determinado
nivel de energía. Cuando
se unen N átomos de metal para formar el cristal, el nivel de
energía del electrón en el átomo es reemplazado
por numerosos niveles de energía, formando prácticamente
un continuo. Decimos que se formó una banda de niveles de energía,
la llamada banda de valencia, donde se ubican los electrones de valencia.
Esta teoría predice que existe también una banda sin electrones,
llamada banda de conducción, la que, en el caso de los metales,
se superpone parcialmente o está muy cerca de la banda de valencia.
Gráficamente lo podemos representar así:

Los electrones
que se encuentran en los niveles de energía de la banda de valencia
pueden ser excitados a los niveles vacíos de la banda de conducción.
Este movimiento de electrones de un nivel a otro constituye una corriente
eléctrica. Por esto, los metales son buenos conductores.
En un no-conductor
o aislante, como por ejemplo el diamante, la banda de conducción
está ubicada a una energía mucho mayor, de modo que los
electrones no pueden moverse desde la banda de valencia a la de conducción.
Es por eso que el diamante es un no-conductor. En un semiconductor como
el silicio o el óxido cuproso, la situación es intermedia.
La banda de conducción no se superpone con la de valencia, como
en un metal, pero está suficientemente cerca como para que algunos
electrones con suficiente energía térmica puedan saltar
de una banda a otra. Debido a este fenómeno, los semiconductores
son conductores, pero dado que solo pocos electrones se mueven a la
banda de conducción, son conductores mucho más pobres
que los metales.
Al aumentar
la temperatura, un número mayor de electrones tiene suficiente
energía térmica como para pasar a la banda de conducción.
Esto explica, en el contexto de la teoría de bandas, el aumento
de la conductividad de un semiconductor con la temperatura. En resumen,
la diferencia entre un metal, un semiconductor y un no-conductor depende
de la brecha de energía entre la banda de valencia y la de conducción.
En la figura se muestran las diferencias de energía entre las
dos bandas para el carbono, que es un aislante, el silicio y el germanio,
que son semiconductores, y el estaño, que es un metal.

Los semiconductores
tienen aplicaciones importantísimas, las que están basadas
en el descubrimiento que su conductividad puede ser cambiada drásticamente
por la adición de cantidades muy pequeñas de impurezas.
Si se incorpora una pequeña cantidad de fósforo o arsénico
a silicio cristalino, los átomos de estas impurezas ocupan algunos
sitios de la estructura del silicio. Sin embargo, dado que se necesitan
solamente cuatro electrones para unirse a los cuatro átomos de
silicio que rodean al átomo de fósforo o arsénico
(elementos del grupo VA o 15), queda un electrón en exceso. Este
electrón ocupa un nivel de energía en la banda de conducción,
y bajo la influencia de un campo eléctrico aplicado puede moverse
a través del cristal. El número de electrones que se incorpora
a la banda de conducción, y en consecuencia, la conductividad
del silicio, es proporcional al número de átomos de fósforo
o arsénico agregados. Si se incorpora un átomo de boro
(elemento del grupo IIIA o 13), contribuye con sólo tres electrones.
Dado que necesita cuatro electrones para unirse con el silicio, sustrae
un electrón de un átomo de silicio adyacente, dejándolo
así cargado positivamente. Este hueco en la capa de valencia
del silicio es llamado vacancia o agujero positivo. El hueco generado
en el átomo de silicio puede ser cubierto por otro electrón
de otro átomo de silicio vecino a aquél, y así
sucesivamente. Si se aplica un potencial eléctrico, el hueco
o agujero se mueve a través del cristal. En realidad, se mueve
un electrón en la dirección opuesta. Dado que la carga
que se mueve es positiva, se dice que estos conductores son del tipo
p. En el caso anterior, dado que se mueve una carga negativa, el conductor
es del tipo n. Al proceso de incorporar impurezas del tipo n o del tipo
p se lo denomina dopado. En este proceso se añade del orden de
cinco átomos de impureza por cada millón de átomos
de silicio. Normalmente, la conductividad de un semiconductor se incrementa
en un factor 100000 por la presencia de los átomos de impurezas.
Una de las
aplicaciones más importantes de los semiconductores se logra
poniendo en contacto un conductor de tipo p con uno de tipo n. Si se
aplica un potencial eléctrico a esta combinación de semiconductores,
conectando el polo negativo al conductor tipo n y el polo positivo al
conductor tipo p, la corriente puede fluir sin problemas, pero si se
hacen las conexiones al revés, la corriente no puede fluir más.
De manera que esa combinación de un conductor tipo n con otro
de tipo p, llamado diodo, deja pasar la corriente en una sola dirección.
En consecuencia, este tipo de dispositivo puede convertir corriente
alterna en corriente continua. Por eso se lo llama rectificador.
Si se combinan
de diversas formas los conductores de tipo n y p, se obtienen dispositivos
llamados transistores, que pueden amplificar corrientes y voltajes.
Los transistores y otros dispositivos basados en semiconductores revolucionaron
totalmente la industria electrónica. Gracias
a los semiconductores fue posible reducir enormemente el tamaño
de los dispositivos electrónicos.
El
desarrollo más importante de los últimos años fue
la producción de circuitos integrados, consistente de miles de
resistencias, transistores, rectificadores y capacitores, construidos
con conductores de tipo n y p sobre una pieza única de silicio
de dimensiones no mayores que algunos milímetros. Estos circuitos
integrados ("chips") constituyen el corazón de los
relojes digitales, de las calculadoras y de las computadoras personales.
Bibliografía:
www.scitoys.com/cgi-bin/shop.cgi/page=contents.html
Chang, R. Química. 4ª. Edición. McGraw-Hill. México.
1992.
Whitten, K.W., Davis, R.E. y Peck, M.L. Química General. 5ª.
Edición. McGraw-Hill. España. 1998.
Agradecemos la colaboración de los profesores Rubén Siri
y Héctor González, que probaron el dispositivo en los
laboratorios del Colegio Nacional de Buenos Aires. Utilizando una chapa
de dimensiones aproximadas 5 cm x 10 cm se detectó una corriente
de 2 microamperios con las chapas a la sombra y entre 5 y 6 microamperios
exponiéndolas a la luz.
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